Artículos de Psicología
En el mundo actual, parece que vivir estresado es el estado natural. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre estar “atareado” y vivir bajo el dominio de la ansiedad. Para mejorar nuestra calidad de vida, el primer paso es entender cómo funcionan estos mecanismos en nuestro cerebro.
¿Qué es realmente la ansiedad?
Aunque solemos verla como una enemiga, es en su origen un mecanismo de supervivencia. El problema surge cuando esa “alarma” se vuelve demasiado sensible: es como tener un sensor de humo que se dispara cada vez que prendés una hornalla para cocinar. Allí, la ansiedad deja de ser útil y empieza a ser disfuncional.
¿Cómo se filtra en la vida diaria?
A diferencia de las crisis agudas, la ansiedad cotidiana se manifiesta de formas sutiles pero agotadoras:
La rumiación: Esa “radio encendida” en la cabeza que repite preocupaciones una y otra vez.
La anticipación catastrófica: Imaginar siempre el peor escenario posible ante cualquier evento.
El cuerpo habla: Contracturas crónicas, tensión en la mandíbula o esa opresión en el pecho que impide respirar hondo.
Estrés vs. Ansiedad: No son lo mismo
Es clave distinguirlos para saber qué estamos enfrentando:
El Estrés es una respuesta a una presión externa (trabajo, mudanza). Cuando el estímulo desaparece, el estrés suele bajar.
La Ansiedad es la respuesta que permanece incluso cuando el problema ya no está. Es una preocupación constante por lo que podría pasar.
El camino hacia la calma
A través de terapias basadas en evidencia y la Regulación Emocional, aprendemos a desactivar la respuesta física de alarma y a entrenar nuestra mente para volver al presente.
La meta no es eliminar la ansiedad (porque es parte de la vida), sino convertirla en una señal que sepamos gestionar para que no tome el volante de nuestras decisiones.
Lic. Jerónimo Gulisano. Especialista en Trastornos de Ansiedad.
Ansiedad y Estrés: Cuando la "alarma" deja de protegernos y empieza a limitarnos.
A pesar de vivir en una era de hiperconexión, la sexualidad sigue siendo un tema difícil de abordar con honestidad. Existe el mito de que solo se consulta cuando “nada funciona”, pero la Terapia Sexual es, en realidad, un espacio de salud integral y bienestar emocional.
¿Qué es y cómo trabajamos?
Es una especialización de la psicología clínica enfocada en el deseo, el placer y la vivencia de la sexualidad. Mi abordaje combina las Neurociencias y la Terapia Cognitiva para entender cómo tus pensamientos y emociones impactan en la respuesta de tu cuerpo.
El proceso sirve para:
Desarmar mitos: Cuestionar mandatos y expectativas irreales que bloquean el disfrute.
Reducir la ansiedad de desempeño: El miedo a “no rendir” es el mayor enemigo del placer.
Brindar herramientas: Ejercicios prácticos para reconectar con las sensaciones sin presiones.
¿Cuándo es el momento de consultar?
La sexualidad es un termómetro de nuestro bienestar general. Es recomendable buscar apoyo si:
El sexo genera estrés: Si el encuentro íntimo te produce ansiedad o ganas de poner excusas.
Dificultades físicas: Falta de deseo, dificultades en la erección, eyaculación prematura o dolor.
Desconexión en la pareja: Cuando no logran encontrar un punto de encuentro y surge el distanciamiento.
Cambios vitales: Tras el nacimiento de un hijo, durante la menopausia o después de una enfermedad.
Un espacio de seguridad y ciencia
La consulta es un lugar de absoluta confidencialidad, respeto y sin juicios. El objetivo es que recuperes tu autonomía y que la sexualidad vuelva a ser lo que debe ser: un espacio de juego, salud y disfrute pleno.
Lic. Jerónimo Gulisano Sexólogo (U.B.A.)
Terapia Sexual: Mucho más que resolver un problema físico.
Muchas veces pensamos que la salud mental sucede solo dentro de un consultorio. Sin embargo, el bienestar emocional es un proceso integral: lo que hacemos con nuestro cuerpo y cómo habitamos nuestro barrio influye directamente en nuestro equilibrio.
El “Consultorio” a cielo abierto
Vicente López nos ofrece el escenario perfecto para usar el movimiento como herramienta terapéutica. La ciencia confirma que el ejercicio es uno de los mejores reguladores naturales del ánimo:
Paseo de la Costa: Ideal para trotar o andar en bici. El contacto con el río ayuda a reducir la “visión de túnel” de la ansiedad y amplía nuestra perspectiva.
Club Vilo y el Skate: Un ejercicio de Mindfulness en movimiento. Requiere atención plena, ayuda a callar el ruido mental y entrena al cerebro para tolerar la frustración.
Plazas de Munro (como la Plaza Alem): Caminar 20 minutos por el barrio no es solo un traslado; es un ejercicio de conexión con el presente y oxigenación.
¿Para qué sirve cuidar nuestra salud mental?
No es solo “no estar enfermo”, es tener flexibilidad para enfrentar problemas y recuperar la capacidad de disfrutar. Sirve para:
Regular el estrés: Bajando los niveles de cortisol.
Ganar claridad: Un cerebro oxigenado decide mejor que uno agotado.
Fortalecer la autonomía: Sentir el control sobre nuestro cuerpo y metas.
¿Cuándo es momento de consultar?
A veces, el movimiento no alcanza porque el malestar es profundo. Es momento de pedir una cita si:
Sentís que el estrés te “quemó” y ya no disfrutás de nada.
Los pensamientos negativos te acompañan incluso mientras hacés deporte.
Notás irritabilidad constante o angustia que no cede con el descanso.
Un compromiso con tu bienestar La salud mental se camina, se pedalea y se trabaja. Aprovechemos nuestro entorno para darle a nuestra mente el aire que necesita.
Lic. Jerónimo Gulisano. Psicólogo con 25 años de trayectoria – Vecino de Munro.
Salud Mental y Movimiento: El bienestar se construye en las calles de Vicente López
Muchas parejas llegan a la consulta con una sensación de derrota, pensando que pedir ayuda es el último paso antes de la ruptura. Sin embargo, la Terapia de Pareja no es un “juicio” para ver quién tiene la razón, sino un espacio técnico para entender la dinámica que los mantiene estancados.
¿Cómo funciona el abordaje?
Desde la Terapia Cognitiva, entendemos que en una pareja no hay una sola verdad, sino dos versiones que a menudo chocan. Mi trabajo es ayudarlos a identificar los sesgos cognitivos (esos pensamientos automáticos que nos hacen interpretar las acciones del otro como ataques) y los patrones de comunicación que se han vuelto disfuncionales.
El proceso se enfoca en:
Desactivar la escalada: Aprender a frenar la discusión antes de que el cerebro entre en modo de “ataque o huida”.
Reconstruir la empatía: Entender qué siente el otro debajo de la queja o del silencio.
Actualizar el “mapa” de la relación: Las personas cambian con los años; la terapia ayuda a que la pareja se vuelva a conocer en su etapa actual.
¿Cuándo es el momento de consultar?
No es necesario estar en medio de una crisis terminal para buscar apoyo. De hecho, la prevención es la mejor herramienta. Es recomendable consultar si:
Sienten que son “compañeros de cuarto”: La rutina y las obligaciones han desplazado el afecto y la intimidad.
Discusiones en bucle: Siempre pelean por lo mismo sin llegar nunca a una solución o acuerdo real.
El silencio es la norma: Dejaron de hablar de temas profundos por miedo a pelear o por simple indiferencia.
Crisis de confianza: Atravesaron una infidelidad o un cambio vital brusco que fracturó la seguridad del vínculo.
Un espacio para decidir con claridad
A veces, el objetivo de la terapia es salvar la relación; otras veces, es lograr una separación saludable y respetuosa, especialmente cuando hay hijos de por medio. La meta es que ambos recuperen la autonomía emocional y construyan un vínculo basado en la elección consciente.
Lic. Jerónimo Gulisano. Especialista en Terápia de Parejas
Acompañando a parejas a reencontrarse desde hace más de dos décadas.
Terapia de Pareja: ¿Hablamos o discutimos?
Existe un prejuicio arraigado de que la psicoterapia es “cosa de jóvenes” o que, a cierta edad, las personas ya no pueden cambiar. Sin embargo, la ciencia nos dice lo contrario: la plasticidad cerebral nos acompaña toda la vida. La terapia en esta etapa no busca solo “sobrellevar” el paso del tiempo, sino potenciar la autonomía y el disfrute.
Un enfoque basado en la vitalidad
En el consultorio, trabajamos para que esta etapa no sea vista como una serie de pérdidas, sino como un momento de reconfiguración. Utilizando herramientas de la Terapia Cognitiva, abordamos los desafíos específicos que surgen con el paso de los años.
El espacio terapéutico sirve para:
Procesar cambios vitales: La jubilación, el “nido vacío” o la mudanza a un nuevo entorno requieren una adaptación emocional profunda.
Fortalecer la reserva cognitiva: Mantener la mente activa y curiosa es el mejor protector para la salud cerebral.
Gestionar duelos y salud: Aprender a convivir con diagnósticos médicos o la pérdida de seres queridos sin que esto opaque la capacidad de disfrutar el presente.
¿Cuándo es recomendable realizar una consulta?
Muchas veces, el malestar se confunde con “cosas de la edad”, pero la tristeza persistente o la apatía no son normales a ninguna edad. Es momento de consultar si:
Aislamiento social: Si la persona empieza a retraerse y pierde el interés por salir, caminar por el barrio o ver a sus afectos.
Ansiedad por la salud: Cuando la preocupación por el cuerpo o el miedo al futuro genera un estado de alerta constante que impide el descanso.
Sensación de falta de propósito: Si aparece la idea de que “ya se hizo todo” y cuesta encontrar motivos para emprender proyectos nuevos.
Trastornos del sueño o memoria: Cuando el olvido o el insomnio generan angustia e inseguridad en la vida cotidiana.
